El mundo es una explosión de imágenes. La cantidad de datos generados por la humanidad es una locura: se estima en 40 Zo en 2020 (o 40 con 21 ceros detrás...bytes!), algo difícilmente concebible (se habla de cerca de 60 veces el número de granos de arena presente en todas las playas del mundo). De modo que tenemos derecho a cuestionar la pertinencia y la calidad de la producción visual, que desempeña un papel importante en esta producción de "big data".
Quedando entonces nuestra relación con la imagen necesariamente transformada. La fotografía está en el corazón de este trastorno. La democratización de la fotografía digital (Para Jean Lauzon, el término "Pixografia" es más apropiado) ha permitido abrir el mundo de la fotografía a un público considerablemente más amplio, así como el desarrollo de nuevas formas estéticas, pero generó al mismo tiempo un exceso de imágenes. En esta edad visual ( "videosfera" para Regis Debray), la imagen es fundamentalmente narcisista, voyeurista y / o insertada en una estrategia de comunicación muchas veces con fines comerciales. La “pixelisación del real” participa en una estandarización formal de la producción iconográfica y de este modo de la mirada. Parece que la vulgaridad tiene prioridad sobre la intelectualización de lo que vemos, sobre la imaginación, las emociones, por lo tanto sobre la parte de arte de la imagen. Muy a menudo sólo se mantiene un flujo de imágenes estandarizadas vomitadas frente del mundo.


La estenopeica es una lata, un antepasado de la cámara hecha artesanalmente. Controlamos cada paso de la realización de una fotografía: fabricación completa del dispositivo, la toma de foto, la impresión. En este sentido, la estenopeica participa en una forma de desintoxicación de nuestra relación con la imagen. Con nuestro colectivo, queremos cuestionar nuestra relación con el tiempo, con la inmediatez. El tiempo requerido para el desarrollo del dispositivo, para la toma de foto (los tiempos de exposición son a menudo largos), cambia nuestra relación con el sujeto fotografiado. Él nos impregna en otra temporalidad, otra dimensión subjetiva. El desarrollo de una fotografía es tan importante como el sujeto fotografiado y el resultado es necesariamente único, ya que no sólo refleja las complejas interacciones entre los fotones y el dispositivo, sino también la atmósfera, los cambios de brillo, las sensaciones percibidas en el momento de la toma de foto. Una visión clara fue una ventaja selectiva innegable para la supervivencia de la especie humana. El mismo camino fue seguido por muchos avances tecnológicos desde la invención de la fotografía. Estas han ido invariablemente en dirección de una mayor claridad, de una mayor precisión y esta exigencia de la claridad está profundamente arraigada en la cultura popular, donde una fotografía está asociada a la reproducción de la realidad. Los defectos, las aberraciones ópticas son defectos que se deben evitar a toda costa, estamos atrapados por una normalización procedente de la imagen comercial / de comunicación que a menudo consideramos erróneamente como la fotografía. Las imágenes de un telediario, grabadas con una gran profundidad de campo y una claridad "perfecta", llevan el mensaje de la verdad del poder. ¿Podemos decir que lo que se nos muestra es siempre verdad? Para la estenopeica, cuestionamos nuestra relación con la realidad. El desenfoque, las imperfecciones inherentes a la práctica de la estenopeica, lejos de empobrecer la imagen, abren el sujeto, desenfocan nuestra percepción del mundo y proyectan al espectador hacia un espacio más amplio donde las sensaciones, las emociones, reflejan la fragilidad y precariedad del mundo. Para Francis Bacon, "el desenfoque nos permite llegar a la realidad en sus profundidades, devolverla en su violencia."


Descubrimos la estenopeica a través de una asociación de animación científica, que influyó nuestra visión de la función y del uso potencial de esta herramienta: una manera de experimentar fácilmente la fotografía y producir un resultado con muy pocos recursos. A diferencia de las cámaras modernas, la práctica de la estenopeica impone a su usuario una postura experimental y, por tanto, requiere una cierta manera de apropiarse del objeto. Mientras tanto, el número reducido de parámetros (cantidad de luz y tiempo de exposición) facilita considerablemente su uso y la obtención de un resultado satisfactorio. Los diversos talleres realizados por los miembros del colectivo confirman esta dualidad: la facilidad de fabricación y el uso pone a disposición una teoría científica relativamente compleja que resulta en una rica y sorprendente estética. El fotógrafo, experimentado o no, adulto o niño, rico o pobre, cuestionará su entorno y se ubicará para obtener la imagen deseada. Él se enfrentará a sus observaciones para mejorar en el tiempo. Es en este sentido que nuestro enfoque puede acercarse a la educación popular mediante el reconocimiento de la voluntad y la capacidad de desarrollarse y progresar. Y así alterar su entorno. ¿Por lo tanto un acto político? Sí, pero en el sentido primero del término, su sentido popular. Porque creemos que cuestionarse, experimentar, fracasar para luego conseguir, son diferentes formas de hacer política. No es el contenido, a priori, que hace que este objeto sea político, pero sí la postura asociada a su uso, a la creación de un contenido estético que hace que el fotógrafo sea actor social.


La decisión de crear este colectivo y compartir las producciones asociadas, por tanto, también surge de este interés para la educación popular. Consideramos la estenopeica como un elogio a la duda, una acción de guerrilla contra los dictados tecnocráticos de la imagen y una manera de recuperar nuestros ojos y nuestro mundo.

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